COLOQUIO
EL CENTRO DE CIENCIAS APLICADAS Y DESARROLLO TÉCNOLÓGICO

Invita.

"Riesgos e Impactos Geológicos y Oceánicos en la Franja Costera de México"

Dr. Joaquín Eduardo Aguayo Camargo

Facultad de Ingeniería-UNAM



Martes 21 de febrero de 2017
Auditorio CCADET, 12:00 hrs.



Entrada Libre

Lic. Nora E. Reyes Rocafuerte
Coordinación de Divulgación de las Actividades Científicas y Tecnológicas
Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnólogico
Tel. 56228602 ext. 1308.
difusion@ccadet.unam.mx
INFORMES

El doctor Joaquín Eduardo Aguayo Camargo es Ingeniero Geólogo egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De 1970 a 1976 obtuvo la Maestría en Ciencias en la Universidad de Baylor en Texas y el Doctorado ( PhD ) en Ciencias Geológicas en la Universidad de Texas en Dallas.

Es Investigador Titular “C” de carrera y profesor en la División en Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los campos de su especialidad son estratigrafía, sedimentología, geología marina y exploración geológica petrolera.

Es  miembro del Sistema Nacional de Investigadores, miembro científico de la Academia Mexicana de Ciencias y académico titular de la Academia de Ingeniera, A.C.

  

 Fue presidente de la Sociedad Geológica Mexicana durante el período 1994-1995 y vicepresidente de investigación en el Colegio de Ingenieros Geólogos de México (1998-2004)

De 1965 a 1987 trabajó en exploración geológica en Petróleos Mexicanos y en el Instituto Mexicano de Petróleo; fue investigador y jefe del Departamento de Sedimentología y Geoquímica del Petróleo, así como jefe de la División de Evaluación Geológica de Cuencas Sedimentarias.

Entre 1987 y 1998 se desempeñó como investigador y como director en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM.

Como investigador científico ha participado en exploraciones de geología marina en el Pacífico mexicano, Golfo de California, Golfo de México y Mar Caribe, a bordo de los buques oceanográficos de la UNAM, el “Justo Sierra” y “El Puma”; y en el “Glomar Challenger”, el “Roger Revelle” y en el “Atlantis II” y el submarino “ALVIN” de los Estados Unidos.

Como docente ha impartido cursos y dirigido tesis de licenciatura, maestría y doctorado en los programas académicos de la UNAM (Facultad de Ingeniería, Ciencias de la Tierra, de Ciencias del Mar y Limnología), y del posgrado en Ciencias de la Tierra del Instituto Politécnico Nacional.

Es autor de más de 100 artículos científicos, técnicos y de divulgación, publicados en revistas arbitradas, nacionales e internacionales, y de 10 libros y capítulos de libros temáticos.

Ha participado como ponente en temas de su especialidad en más de 240 eventos profesionales y académicos, nacionales e internacionales.

Por su trayectoria profesional y académica ha recibido diversas distinciones y premios de organismos e instituciones de educación superior y de investigación, nacionales e internacionales.

Semblanza

Resumen

El territorio nacional jurisdiccional de México tiene una extensión aproximada de 5 millones de kilómetros cuadrados, distribuidos de la siguiente forma: La zona terrestre o continental incluyendo la insular, con una superficie de 1, 964 375 Km2 y cuyo límite periférico intermareal es la franja litoral que se extiende a lo largo de 11, 122 Km lineales. De esta franja, 200 millas náuticas hacia el interior oceánico, la zona económica exclusiva comprende alrededor de 3, 149, 920 Km2.

El océano y la franja costera son ecosistemas frágiles y sensibles a los impactos por los procesos naturales y humanos; son fuentes de vida, alimentos, minerales y de energéticos, por mencionar algunos, que son múltiples y variados, y que en un futuro inmediato también deberán de abastecer el vital líquido, el agua, que por desalación de inmensos volúmenes se potabilizará para satisfacer a las sociedades sedientas y para sus muy diversos usos; por lo anterior, se debería, desde hoy, evitar utilizar a los ecosistemas marinos como simples zonas de depósito de escombros tóxicos por usos urbanos, industriales, agrícolas, ganaderos, pesqueros, de navegación y turismo, entre otros.

La distribución y características de las costas mexicanas no son casuísticas sino consecuencia de múltiples y complejos mecanismos geodinámicos ocurridos durante su evolución geológica y por procesos hidrodinámicos, atmosféricos y climáticos que las configuran e impactan. Estos procesos que interactúan, por un lado, son modificadores y revitalizadores de los mares y sus costas, así como agentes equilibradores ecológicos; por otro lado, las actividades humanas basadas en conocimientos simples y empíricos sobre los mecanismos naturales que los gobiernan son agresivas y generalmente tienen efectos irreversibles, con el consecuente deterioro ambiental que provocan extensos páramos estériles e inhóspitos para la biodiversidad de los ecosistemas y para el hombre mismo. Por lo que es incuestionable que el manejo y aprovechamiento en forma sustentable y sostenida de las zonas costeras y de sus recursos representan grandes retos en la definición de responsabilidades, que deben de ser compartidas entre los protagonistas oficiales y empresariales, las instituciones de educación superior, de investigación y de desarrollo e innovación tecnológicos, así como por la sociedad misma que participe con cultura ecológica en su exigencia por alcanzar una mejor calidad de vida.

Para formular estrategias de planeación y manejo de los ecosistemas costeros y oceánicos es imperativo entender científicamente de forma multi- e interdisciplinariamente los procesos naturales que inciden en ellos, y contribuir eficientemente con aquellas estrategias operativas y de su manejo administrativo, con el objetivo de prever, mitigar o remediar sus efectos, más aún, cuando los fenómenos naturales, oceánicos y atmosféricos cada vez son más frecuentes y agresivos por los cambios climáticos que ya son evidentes y que impactan a las regiones geográficas costeras, que  además están sujetas a intensas actividades humanas.

 Por lo tanto, es imperativo que se les dé prioridad de forma conjunta y permanente por medio de sistemas informáticos y de monitoreo continuo, a los factores siguientes: 1) riesgos geológicos y climáticos; (2) recursos naturales potenciales; y (3) calidad del ambiente, uso y preservación.